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Nochebuena

Noche en que el sol infinito

mira nuestra ceguedad

y nos envía una chispa

de su inmensa claridad

para que aparte las sombras,

incendie la soledad

y abra nuestros ojos ciegos

a la luz de la verdad.
 

Noche en que el mar infinito

contempla nuestra aridez

y se ofrece a nuestros labios

en una gota de miel,

que a pesar de ser pequeña

tiene bastante poder

para saciar hasta el fondo

las ansias de nuestra sed.

Noche en que el cielo infinito

mira la tierra infeliz

y se confunde con ella

en un abrazo sin fin,

para que, de tan dichosos,

no podamos distinguir

dónde termina la tierra

y empieza el cielo feliz.

Noche en que el tiempo infinito,

sin ayer, mañana ni hoy,

contempla el tiempo que mide

nuestra pena y nuestro amor,

y le infunde la energía

de su eterna perfección,

para que nuestros latidos

se cuenten por los de Dios.
 

Noche en que el Ser infinito

se apiada de nuestra cruz

y da comienzo a la suya

sobre la tierra sin luz,

para que, yendo a su lado

por el bien y la virtud,

encontremos el camino

de la paz y la salud.

(Francisco Luis Bernardez)

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